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Adiós al Lejano Oeste: Cómo domar los criptoactivos y dar rienda suelta a las cadenas de bloques

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Fuente: FMI

He estado esperando desde hace un buen tiempo la oportunidad de visitar Corea como Directora Gerente del FMI, y estoy encantada de poder hacerlo para participar en los importantes debates sobre dinero digital que se llevarán a cabo durante esta conferencia.  Quisiera agradecer muy profundamente al vice primer ministro Choo, al vicepresidente Kim de la CSF, y a mi estimado amigo y ex colega Chang Yong Rhee, hoy titular del banco central, con quien trabajé muy de cerca en el FMI.

Como en las viejas épocas, cuando los viajeros llegados de tierras lejanas se apiñaban alrededor del fuego, quisiera contar una historia que entrelaza pasado, futuro y presente, y entrecruza inventores e infractores, riesgos y oportunidades. Es la crónica de las criptomonedas y las cadena de bloques.

El pasado

La infancia de las criptomonedas trae a la mente el Lejano Oeste de la historia estadounidense.

La mayor parte no tenía ningún respaldo o se apoyaba en activos de poca calidad, y carecían de valor intrínseco y sufrían el vapuleo de la volatilidad de precios.  Algunos de ellos colapsaron porque dependían de reservas dudosas.

Los criptoactivos eran realmente activos riesgosos, que dejaron marcados a muchos hogares: las pérdidas fueron irrecuperables y cuantiosas.

El Lejano Oeste era un lugar escabroso y, dado que la vigilancia escaseaba tanto como la legislación y la regulación, era terreno fértil para quimeristas y delincuentes. El lavado de dinero y otras actividades ilícitas habrían movido decenas de miles de millones de dólares por año.

Apenas el mes pasado, el fundador de Binance, la plataforma de criptodivisas más grande del mundo, se declaró culpable de violar las leyes contra el lavado de dinero; poco antes, el fundador de FTX, otra enorme plataforma colapsada, había sido condenado por fraude y otros delitos.

Es decir, en los últimos 15 años, esta industria no se ha cubierto de gloria. Y aún no está fuera de peligro.

El futuro

¿Qué le depara el futuro?

Cabe preguntarse qué ocurriría si los criptoactivos llegaran a tener un uso generalizado. No se trata de una posibilidad descabellada.

porque no van de camino a desaparecer:  el bitcoin se negocia al valor más alto desde abril de 2022 y la capitalización de mercado de criptomonedas se duplicó en el curso del último año. Aun así, las búsquedas del término “bitcoin” son hoy unas 20 veces más frecuentes que las de «salud y bienestar» y siete veces más que las de «cambio climático».

Además, la adopción de criptoactivos es especialmente elevada en las economías de mercados emergentes como India, Nigeria y Vietnam, según Chainalysis, aunque los datos son escasos. Según un estudio que está realizando el personal técnico del FMI, por cada 100 reales invertidos en divisas en Brasil, 25 se vuelcan en criptomonedas.

El problema es que este nivel de adopción podría desestabilizar la situación macrofinanciera.

Para empezar, como muestra nuestro estudio reciente, la criptoización —es decir, el uso de un criptoactivo en lugar de moneda local— podría perturbar la transmisión de la política monetaria. ¿Qué sentido tiene subir las tasas de interés aplicadas a una moneda de poco uso?

A eso se suman la posibilidad de eludir las medidas de gestión de los flujos de capital, como los límites a la tenencia de moneda extranjera,

y el peligro de erosión de la sostenibilidad fiscal si la recaudación tributaria termina siendo más volátil o difícil de hacer cumplir.

Este es el futuro que todos queremos evitar.

El presente

Para decidir cómo proceder, regresemos al presente, y del Lejano Oeste vayamos a Asia Oriental para aprender de las ricas tradiciones de Corea; concretamente, del hangul, el alfabeto creado por el rey Sejong en el siglo XV para la lengua coreana. Su estructura sencilla reemplazó un sistema de escritura ineficiente reservado exclusivamente a las clases altas. Desde los escritos antiguos hasta los teléfonos inteligentes, el hangul ha demostrado ser increíblemente adaptable, más allá de ser hermoso.

Representa el bien público perfecto, con reglas claras para la construcción de sílabas y palabras, y un alfabeto de 24 letras que sirve de infraestructura mínima pero sólida.

Es decir, algo parecido a lo que estamos intentando lograr hoy. Nuestros objetivos son lograr un sistema financiero más eficiente, interoperable y accesible, proporcionando reglas que permitan evitar los riesgos de las criptomonedas, y establecer una infraestructura aprovechando alguna de estas tecnologías. Analicémoslas por separado.

Reglas para criptoactivos

Como resultado de instructivos intercambios de ideas con los países miembros, el FMI y el Consejo de Estabilidad Financiera (CEF) publicaron un informe en septiembre que pretende orientar las reglas sobre criptoactivos.

Entre sus principales elementos, conviene mencionar los siguientes: no transformar los criptoactivos en moneda oficial o de curso legal; dejar en claro y aplicar de manera coherente las leyes, normas y regulaciones sobre la lucha contra el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo, entre otras; establecer reglas impositivas claras; sentar bases jurídicas sólidas con una clasificación nítida de los criptoactivos; y coordinar políticas a nivel mundial para evitar el arbitraje regulatorio, ya que los proveedores de criptoactivos pueden cambiar de jurisdicción con un solo clic.

Los países están llevando esta orientación a la práctica, enmarcándola en leyes, capacitando supervisores y velando por la aplicación. Corea, por ejemplo, va a la vanguardia, gracias a la enmienda de su ley contra el lavado de dinero y la nueva legislación sobre criptoactivos. El CEF y el FMI están brindando asistencia a los miembros en estos ámbitos, y estamos preparados para intensificarla.

Estas reglas no pretenden devolvernos a un pasado sin criptomonedas ni sofocar la innovación. No todo el mercado de los criptoactivos está signado por el fraude, de la misma manera que no todo el Lejano Oeste estaba lleno de bandidos, a pesar de sus hazañas legendarias.

Posibilidades de infraestructura en el sector privado

Las reglas adecuadas pueden estimular y guiar la innovación. Por ejemplo, los bancos están estudiando una nueva infraestructura para la operatoria basada en la tecnología de cadenas de bloques, perfeccionada y popularizada gracias al auge de las criptomonedas. Confían en poder abaratar y acelerar así transacciones realizadas a diario cuyos valores ascienden a billones de dólares, y a la vez ampliar el acceso financiero ofrecido a quienes se conforman actualmente con cuentas de depósito de escaso rédito.

Hoy, los bancos crean un activo en papel, lo depositan en un custodio y encargan una conciliación a intermediarios para verificar quién es propietario de qué. Es un sistema eficaz, pero costoso. Imagínense si, en su lugar, fuera posible contabilizar ese activo como una partida —un token— en una cadena de bloques y negociarlo mediante la actualización de la cadena.

Los beneficios podrían ser amplios: Todas las partes intervinientes tienen acceso a la cadena de bloques, que es transparente e inviolable, y la liquidación ocurre rápidamente. Los activos financieros en forma de tókenes también pueden dividirse en partes a disposición de inversionistas más pequeños. Las transacciones pueden automatizarse y agruparse para la ejecución simultánea, alejando así el riesgo de que la operación o la contraparte falle antes de que el activo esté en manos de su propietario legítimo.

Es algo que pude ver con mis propios ojos el mes pasado, en un piloto de la Autoridad Monetaria de Singapur denominado “Project Guardian”.

Pero tengamos claro que quedan muchos obstáculos por sortear para llegar a la etapa de producción; por ejemplo, establecer marcos jurídicos adecuados.

Infraestructura pública

Si bien es imposible predecir la adopción, debemos estar preparados. Es crítico planificar una infraestructura idónea.

Aquí es donde entra a jugar el sector público, al que le compete garantizar que la infraestructura concuerde con los objetivos de la política pública.

Las cadenas de bloques que acabo de mencionar deben ser baratas, estables y fiables. Deben dejar asegurada la interoperabilidad entre los activos y los contratos de compraventa. Requerirán también dinero libre de riesgo —monedas digitales de bancos centrales— que funcione también en cadena para hacer los pagos. Por último, el cumplimiento con las normas internacionales sobre la lucha contra el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo, entre otras, tendrá una importancia primordial, al igual que la compatibilidad con prioridades nacionales como la gestión de flujos de activos.

No es casualidad que esto sea un eco de las plataformas que describí en el Singapore Fintech Festival; a saber foros virtuales que facilitan las transacciones. En esa ocasión expuse de qué manera las plataformas promueven la interoperabilidad de las monedas, en tanto que hoy hablamos de la interoperabilidad de los activos. Después de todo, el dinero representa un contrato financiero —un pagaré—, como todo otro activo. Ya sea que busquemos corregir los pagos transfronterizos o garantizar la eficiencia y la estabilidad de las transacciones de activos, terminamos en el mismo destino.

Conclusión

Las reglas y la infraestructura bien podrían ser las consonantes y las vocales del sistema monetario internacional de mañana. ¡Deben mostrar tanta sensatez y visión de futuro como el hangul!

Como sentenció el gran filósofo y funcionario público coreano Yulgok: “Si practicas con toda tu fuerza, podrás alcanzar la eficiencia y luego obtener resultados”. Hagamos así. Gamsa-hamnida.

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